Durante el embarazo me di cuenta que hay diferentes criterios entre comadronas y ginecólogos sobre cómo ha de ser un parto. Ahora veo que también la lucha está entre las comadronas y los pediatras. Para volverse loca. A lo que unos no le dan importancia, los otros te hacen un mundo y viceversa. Y en cuanto a la crianza, me parece a mi que la mayor parte de la gente piensa como los pediatras...
Curiosamente mi criterio - antes del parto y después- siempre ha coincidido con el de las comadronas. Creo que si se las escuchara un poco más habría más niños felices y padres felices. Con lo que ello supone...

Tengo la gran suerte de poder ir a Sant Pau y estar siendo asesorada durante el postparto por dos comadronas estupendas, con mucha experiencia y que te hablan de forma muy clara y directa. Apuestan por una crianza donde se busca el bienestar del bebé frente a cualquier otro (el interés supremo a proteger al menor que diríamos los juristas y que rige cualquier rama del derecho).
Yo tenía muy claros algunos aspectos de la crianza de Carla (lactancia materna a demanda, no dejarla llorar, mimarla, abrazarla y tenerla cerca tanto como pudiera, etc), otros no tanto (dudaba por ejemplo sobre el colecho, que al final está resultando ser maravilloso). Poder hablar con estas profesionales y contarles mis dudas e inquietudes me da seguridad y confianza, sé que he tomado las decisiones correctas y desde el absoluto respeto me enseñan a corregir lo que hago mal. Sus consejos están basados únicamente en lo que indica la OMS y la Asociación Española de Pediatría (cuyas directrices parece ser que no siguen los pediatras con los que me topo) y son en buena parte - me consta que no en todo, porque he leido a unos y a otros - los que siguen muchos autores que los que tenéis niños ya conocéis (Carlos González, Rosa Jové, etc).
Y entre otras cosas, te enseñan a pararle los pies a la gente, que es de lo que hoy en concreto os quería hablar. Qué duda cabe que a una madre novata se la cuestiona a menudo y con la mejor intención del mundo recibe mil consejos al cabo del día. Hoy Carla ha lloriqueado un poco y he tenido que escuchar de dos personas diferentes eso de "a ver si no vas a tener leche y hay que darle un "suplemento" y hace pocos días también me habló una vecina de "háztelo mirar porque si busca tanto es que no está recibiendo la leche que necesita..." y suerte que una está muy leida y asesorada porque sino podría entrarme la duda y pensar que a ver si ya me he quedado sin leche y si Carla está pasando hambre...y a ver si van a tener razón los que aconsejan lo del biberón extra por la noche para que la nena duerma bien. Así que a morderse la lengua. Igual que me la mordí con la pediatra cuando me dijo que a Carla, con una semana de vida, tenía que dejarla a dormir en el moisés aunque llorara...(y diciéndome eso lo que consiguió la doctora es que le perdiera el respeto para siempre). Pero es que incluso mujeres por la calle... que si va muy tapada la nena, que si va poco abrigada, que si en el fular se debe estar asfixiando, que porqué no lleva pendientes.... A mordérsela otra vez...
Tengo claro que cualquier opinión sobre lo mucho que cojo a mi hija en brazos, lo poco que la dejo llorar, lo a menudo que le doy de comer, sobre cómo hemos de dormir...me entra por una oreja y me sale por la otra. Así que en esos aspectos - en otros estoy abierta a sugerencias- no me da rabia por mí, pero sí por tantas madres inexpertas que por falta de información, de apoyo y demasiados presiones se puedan dejar convencer de no seguir su instinto... Y a mi misma me puede pasar en otros ámbitos en los que no esté tan informada.
Tengo algunas amigas que van a ser madres pronto y otras que están buscando a sus bebés. Desde aquí les animo a que se informen, a que lean, a que pasen estos meses de búsqueda o de embarazo rodeado de madres, de grupos de lactancia... También los padres, claro. Y que decidan qué clase de crianza le quieren dar a sus hijos. O que simplemente sigan su instinto. Y luego que se mantengan fuertes, con la mente abierta, pero convencidos y seguros de lo que hacen.
Se ha de respetar, incluso, nuestro derecho a equivocarnos.